Día de ocio e inspiración en La Granja de San Ildefonso

El pasado 14 de noviembre fue un día inolvidable para los socios y las socias de la Asociación Párkinson Aparkam, quienes se sumergieron en la majestuosidad histórica de La Granja de San Ildefonso. Esta excursión fue mucho más que un paseo; fue un viaje a través del tiempo, explorando el imponente Palacio Real con una visita guiada que les permitió adentrarse en la riqueza histórica y estética del lugar.

La Granja de San Ildefonso, situada en la provincia de Segovia, es conocida por su imponente Palacio Real. Construido durante los siglos XVII y XVIII, este palacio fue la residencia de verano de los monarcas españoles durante siglos. Con sus exuberantes jardines y una arquitectura impresionante, el Palacio Real de La Granja es un testimonio de la opulencia y el esplendor de la realeza española.

La excursión organizada por Aparkam no sólo ofreció una experiencia cultural única, sino que también destacó la importancia del ocio y el apoyo emocional en la vida de aquellos afectados por el Párkinson y sus familias. Ofrecer este tipo de salidas va más allá de la simple recreación; proporciona momentos de inspiración, distracción y conexión social, elementos cruciales para mejorar la calidad de vida de quienes viven con esta condición.

Aparkam se dedica a brindar apoyo integral a las personas con Párkinson, sus familias, cuidadores y allegados. Ofrece terapias profesionales, una red de apoyo emocional y una variedad de actividades recreativas y de ocio que no sólo enriquecen sus vidas, sino que también les permiten integrar la enfermedad en su día a día.

La excursión a La Granja de San Ildefonso fue un claro ejemplo del compromiso de Aparkam para enriquecer la vida de quienes enfrentan el Párkinson, demostrando cómo el ocio y las experiencias culturales pueden ser poderosas herramientas para el bienestar y la felicidad de las personas.

La Excursión a El Espinar pone el broche final a un mes de junio lleno de celebración

El pasado jueves 29 de junio la Asociación Párkinson Aparkam terminó el mes con una de sus excursiones más esperadas de todos los años: la del Espinar. Esta actividad es, para muchos de los socios y socias, una de sus favoritas ya que les permite reunirse en un bonito entorno para desarrollar actividades lúdicas. 

A esta excursión acudieron 40 personas, que pudieron disfrutar de actividades de todo tipo. El día comenzó de la mano de la nueva presidente de Aparkam, Pepa, quien ofreció a los allí presentes una clase de manualidades. Después, hubo un leve receso para picotear y comer algo. Tras este pequeño descanso, a continuación hubo juegos de mesa y un bingo muy participativo. 

Por último, el día finalizó con la entrega de Premios ConVidArte. Estos galardones premian el trabajo de diferentes socios y socias en distintas disciplinas artísticas. Los premiados de esta edición fueron: Ángel Luis Morales en escritura, Rufino Vázquez en fotografía y María José de Diego en dibujo. Asimismo, también se dieron premios del Torneo de Juegos de Mesa.

Con esta excursión al Espinar, finaliza un mes de junio cargado de eventos y actividades que han buscado celebrar el 20 aniversario de la asociación. El pasado 16 de junio se celebró “Juntos al mismo baile”, una actividad de baile al aire libre junto a arteFusion Leganés y el 23 de junio hubo fiesta en ambas sedes.

Una mañana de visita llena de historia y sol por Alcalá de Henares

Tras salir en autobús desde Alcorcón y Leganés, veinte socios de Aparkam llegaron el pasado miércoles 22 a Alcalá de Henares dispuestos a pasar un soleado día lleno de disfrute. Paseando por una de las puertas de entrada – restos de la muralla que hace siglos bordeaba la ciudad- los excursionistas cayeron en la cuenta de que la visita estaría llena de historia y cultura. Y así lo corroboraron cuando llegaron a su primera parada: La Plaza de las Bernardas. 

Allí les esperaba Laura, Responsable de Comunicación de la asociación y alcalaína de nacimiento, quién sería su guía turística durante toda la visita. “La plaza en la que estamos se llama así porque antes, en la iglesia del siglo XVII que tenemos en la espalda, vivían las monjas de clausura llamadas Bernardas”, explicaba la periodista. La atenta mirada de los socios, acompañados también por las auxiliares Marion y Daniela y la terapeuta ocupacional Bárbara, parecía querer captar todos los detalles del entorno. Y es que no sólo había una plaza y una iglesia, allí también se situaban el Palacio Arzobispal y el Museo Arqueológico Regional. 

El tiempo acompañó durante toda la excursión y el sol fue el cómplice perfecto para poder disfrutar de todos los detalles de Alcalá. Uno de los detalles más emblemáticos de la ciudad se pudo reconocer a simple vista: estaba llena de cigüeñas. “Las veis de lejos muy monas pero, ¡de cerca son enormes y dan miedo!”, decía riéndose Laura. “A mí no me dan miedo ninguno, ¡mi pueblo está lleno de ellas!”, contestaba valiente el socio Rufo. Tras esta primera toma de contacto, todo el grupo continuó andando – haciendo una pequeña parada en una iglesia en la que estaban dando misa de Miércoles de Ceniza – hacia la Plaza de los Santos Niños.

La majestuosidad de la Catedral Magistral de los Santos Niños daba la bienvenida a esta nueva plaza descubierta por los excursionistas. “Mira, allí además de cigueñas también hay nidos de urracas”, comentaba un Rufo muy atento al entorno. Los socios escucharon atentos la explicación de por qué esta catedral era la única del mundo -junto con otra situada en Bélgica- que ostentaba el título de Magistral, ya que antiguamente en ella todos sus curas debían estar doctorados en Teología. Y en los azulejos del suelo de la plaza, otro detalle: “Anda, ¡pues sí que están representados los signos del zodiaco!”, decía sorprendida la terapeuta ocupacional Bárbara tras fijarse.

Visita por la Plaza de los Santos Niños, en la que se encuentra la Catedral Magistral de los Santos Justo y Pastor

Desde la Plaza de los Santos Niños, todos bajaron caminando a un ritmo tranquilo por otra ubicación que ya era más familiar para algunos visitantes: la Calle Mayor. “Aquí es dónde ponen todas las terrazas de los bares, ¿no?”, preguntaba Pilar, delegada de Leganés y esposa de Rufo. Y efectivamente, estaban paseando por una de las calles con más ambiente de la ciudad, en ese momento más vacía por ser una mañana de un día de diario. Pero esto no fue un impedimento para descubrir otros muchos detalles interesantes de esta ubicación: la Casa Cervantes (donde por supuesto pararon a hacerse una foto grupal con Quijote y Sancho) o el Hospitalillo de Antezana fueron solo algunos de ellos. 

La buena pinta que lucían los escaparates y el olor que emanaba de algunas de las muchas pastelerías que se sitúan en la Calle Mayor hizo que los visitantes abrieran su apetito. “¿Cuáles son los dulces típicos de aquí?”, preguntaron algunos de los socios. “Las almendras garrapiñadas, las rosquillas de Alcalá y la costrada”, contestó Laura, mientras los llevaba a otra parada que sin duda disfrutarían mucho. Terminando la Calle Mayor, la Plaza Cervantes y su preciosa postal les recibía, aunque el conjunto histórico tuvo que esperar. El hambre había ganado la partida y había que hacer una parada en el camino para gozar también de la gastronomía de la ciudad.

En la puerta de la Pastelería Salinas, la más antigua de la ciudad y fundada en 1846, los excursionistas disfrutaron de algunos de los dulces más típicos de Alcalá. Algunos socios probaron incluso de varios de ellos, ya que Rufino y Charo no se pudieron resistir a probar primero la costrada y después las rosquillas de Alcalá. Este rato de descanso les dio fuerzas para continuar la ruta cultural y escuchar las historias de edificios como el Ayuntamiento, la Capilla del Oidor, el Corral de Comedias o el Círculo de Contribuyentes. 

La última parada dentro del Casco Histórico, que no de la visita, fue la Universidad de Alcalá de Henares. Fundada en el siglo XV, este centro guarda tras sus paredes tanta cultura como anécdotas. “¿Sabíais que términos como “Gorrón” o “Ser un manta” nacieron aquí?”, preguntaba Laura, mientras contaba la historia del por qué de estas expresiones. Los visitantes pudieron además disfrutar de un paseo por los patios de su interior, que fascinaron a muchos de ellos. “¡Qué bonito este claustro! ¡Esto es una pasada”, exclamaba el socio Cándido acompañado de su mujer Agustina. 

Tras este paseo por el centro, los socios subieron al autobús para – ahora sí – poner rumbo a su último destino: la exposición “El arte como terapia”, ubicada en el Centro Cultural Gilitos. Allí les recibieron José Antonio y Sonia, artistas de la muestra, para explicar sus pinturas y también sus historias personales. “Somos un grupo de afectados por el Párkinson que nos gusta pintar”, explicaba Sonia, “mantenerse distraído es una buena manera de paliar los efectos de la enfermedad”. 

Algunos socios, como Pepa, incluso cogieron ideas para sus clases de Manualidades al ver conchas pintadas y decoradas con mucho gusto. “¡Esto lo voy a hacer yo!”, decía la socia mientras Sonia le animaba a ponerse con ello. Las bonitas pinturas de la muestra estaban hechas con mucha precisión, algo que despertó la curiosidad de los allí presentes: “¿Cómo lográis hacer tan bien las líneas?”, preguntaba Cándido. “Cuando haces algo que te gusta la enfermedad pasa a un segundo plano, te concentras y disfrutas tanto que incluso parece que los temblores desaparecen por un rato”, explicó el artista José Antonio.